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29 de juny de 2013

BARCELONA...APARTHOTEL ARAI S. XVIII, CARRER AVINYÓ Nº 30...29-06-2013...

MI VIDA Y MI HISTORIA

Dos preciosos HERMES, en la entrada del Aparthotel ARAI.
Situado en el centro del barrio gótico de Barcelona, junto a los más importantes atractivos turísticos y culturales de la ciudad, Arai Aparthotel se ubica en un edificio histórico de Barcelona del siglo XVIII.



PATRICIA CASTÁN
BARCELONA
Esto era un edificio en muy mal estado y okupado, que habría seguido así si no lo hubiéramos recuperado para hacer un hotel», explica a este diario Jordi Clos, presidente del Gremi d'Hotels y responsable de la cadena Derby, mientras muestra el alarde de recursos que ha permitido que lo que fue el palacio de los Cuatro Ríos vuelva a hacer honor a su nombre. El espectacular inmueble de la calle de Avinyó, 30, recién abierto como Hotel Arai, de cuatro estrellas (superior, en cuanto incorpore el bar ahora en obras), se ha convertido en el mejor ejemplo de lo que significará el reformulado plan de usos de Ciutat Vella. La normativa permitirá la apertura de nuevos hoteles en zonas del distrito si implican la recuperación de joyas patrimoniales.
El negocio ya contaba con licencia desde hace años, previa a la regulación restrictiva. Derby lo adquirió hace una década y tras más de cuatro años de diseño y obras, y con una inversión de 12 millones de euros, el Arai ha pasado a ser otro hotel-museo de la casa, que aglutina piezas de la colección privada de la Fundació Clos y un sinfín de las halladas en el edificio (de 1702) durante los trabajos. La finca tiene un variopinto currículo, ya que además de palacio fue sede de Foment de les Arts Decoratives, residencia de nobles, viviendas particulares y hasta oficinas sindicales.
Es por ello que todos los hoteles de la cadena albergan selectos museos con auténticas piezas de diferentes culturas y civilizaciones procedentes de la colección privada de la Fundación Clos. El nuevo Arai no es una excepción. En este caso, la mayoría de las piezas expuestas pertenecen a la historia del propio palacio que lo alberga.

 El edificio, de 1702, se convirtió en el Palacio de los cuatro ríos en 1779 en honor a los frescos en sus fachadas de la calle Avinyó y Arai.  De hecho, su fachada data de 1770, diseñada por el maestro de obras Jaume Fábregas, es uno de los ejemplos más exitosos en la técnica de los esgrafiados del Patrimonio Catalán.

A lo largo de los años, el Palacio de los cuatro ríos albergó la Sede del Fomento de las Artes Decorativas, convirtiéndose más adelante en la residencia de familias de la nobleza y, finalmente, en viviendas particulares. La recuperación de la estructura, los elementos decorativos o incluso el mobiliario del palacio ha supuesto un ejercicio de pura arqueología que ha requerido dos años de remodelación y 12 millones de euros de inversión.

Así pues, gracias a la remodelación se descubrieron las auténticas pinturas en algunas de sus paredes y techos. Se recuperaron  las vigas originales de madera del edificio y se rescataron puertas, ventanas,  baldosas e incluso las propias piedras ocultas en el sótano como material de derribo.

A través de la investigación histórica del equipo de Derby se hallaron fotografías que han ayudado a reproducir fielmente el espíritu original del edificio. Por ejemplo, si bien de la escalera principal en mármol blanco se han recuperado los peldaños originales, la baranda es una reproducción exacta de la original que ha sido forjada a mano en la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca a partir de un fragmento. Es en las zonas comunes como los pasillos donde encontraremos pinturas a mano inspiradas en la fachada (destaca el fresco de los ángeles en la bóveda delimitado por una cornisa de angelotes de madera tallada del S. XVII), hornacinas con columnas doradas del S.XVII o suelos de piedra arenisca de la India. También el impresionante artesonado del techo del hall es una reproducción del primitivo a partir de unos fragmentos recuperados, el suelo de mármol blanco y negro es exactamente igual que el original así como el arco de forja obra del artesano Angel Rull del año 1900 que se ha restaurado totalmente ubicándolo en la entrada principal. En este empeño por mezclar diferentes expresiones artísticas, al conjunto de la entrada se unen tres tapices del S. XVII provenientes de la Real Fábrica de Tapices, un arcón del Rajasthan también del S. XVII, un espejo con tallas de madera de finales del S. XVIII y un bloque de mármol romano tallado que nos da la bienvenida en la recepción.


Otro HERMES, en el vestíbulo.

Lo que anuncia la fachada se corresponde a lo que alberga el interior. Los esgrafiados, datados en 1770 y que dieron nombre al palacio, han sido recuperados con esmero, igual que el arco de forja de 1900 obra del artesano Ángel Rull. Tres tapices del siglo XVII de la Real Fábrica de Tapices, un arcón Rajasthan del mismo periodo, un espejo con tallas del XVIII, un bloque de mármol romano y hasta una capillita del XVII junto al lavabo dejan claro al huésped que están en un espacio donde el confort del siglo XXI convive con la historia. «Al avanzar las obras íbamos encontrando auténticas maravillas»,



4 comentaris:

Miquel ha dit...

Una maravilla que has encontrado ¡¡
Iré a verlo sin falta solo para ver los esgrafiados y la decoración. Gracias

Mª Trinidad Vilchez ha dit...

De nada querido Miquel, y tómate algo en la terraza con piscina, vale la pena por las vistas, y justo en la plaça de "tripi...".
Un abrazo y BFDS.

Josefa ha dit...

No hace falta salir fuera para ver maravillas en nuestra Barcelona hay muchas. Gracias por estas preciosoas fotos.
Saluditos.

Mª Trinidad Vilchez ha dit...

Muchas gracias Josefa, por tus palabras, ves un día a tomarte algo a la terraza y verás que vistas se ven desde arriba.
Un abrazo y buen domingo.